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Son muchas las personas oriundas de la ciudad quienes saben que Medellín al igual que su Patria es una tierra llena de contrastes, lugares y personajes. Más que una ciudad es una región que prima por la constante aparición de subculturas que dentro de la misma se vuelven movimientos con el paso de los años, las más fuertes e intelectuales sobreviven tal vez más tiempo que las que vienen de paso, es decir: llegan como una moda.

 

Cuando hablamos de subculturas podríamos hacer referencia a los géneros y/o movimientos musicales: tenemos los punkeros, rockeros, raperos, corronchos, salseros; desde los que escuchan techno hasta los que cantan rancheras a todo pulmón; son entonces llamados estilos de vida y por qué no hasta los gustos gastronómicos, o vamos a negar qué hay quienes se vuelven veganos de la noche a la mañana por cambiar sus hábitos y mejorar su estilo de vida o los que veganos de nacimiento se cambian a la carne porque se cansaron de comer yerba toda una vida.

 

Pasa lo mismo con la vida diurna y nocturna; el contraste entre la religiosidad de tan solo un parque de la ciudad en pleno día y su culto por la rumba al caer la noche hacen de ésta un lugar enigmático de la que muchos sacan al máximo el disfrute y otros aborrecen la Sodoma en la que a veces se puede llegar a convertir. Ese es el parque del Poblado en Medellín.

Por: Tatiana Roldán

Transformación del parque con el transcurso de las horas...

Lo piadoso y lo fiestero...

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